Mi respiración casi no tenía ritmo. El corazón me latía, acelerado y furioso, provocándome más miedo y hasta cierto dolor. Sentí a la angustia, mi enemiga más temeraria, descender desde mi cabeza hasta mi garganta, bloquéandome aún más. Mis piernas y brazos intentaban coordinar en vano bajo las órdenes torpes de mi mente entumecida. Yo corría, con la mayor rapidez posible, con desesperación. La sangre hirviendo colmaba mis venas, provocándome espasmos en los músculos. Yo continuaba corriendo. Sentía que había un motivo para no detenerme hasta el último tramo de mi recorrido: el terceavo piso de aquel hospital que me parecía tan lúgubre y feroz. En mi camino, observaba las paredes de los corredores descascaradas por el fuego y el paso de los años. Tanto el techo sobre mi cabeza como el piso que me sostenía en mi carrera, se estrechaban a medida que avanzaba por los pasillos. Alguien me esperaba en la meta, casi con la misma angustia que sentía yo, pero no lograba esclarecer la imagen difusa de ese alguien, que se me presentaba como una vaga sombra humana. No reconozco su rostro ni consigo verlo en todo el recorrido, pero mi frenética marcha continúa. Sé bien que, acechando desde la penumbra, había criaturas desconocidas, que ni siquiera podía imaginar. Tras un abrir y cerrar de ojos, me encontré subiendo una extensa escalera cuesta arriba. Los gritos apagados resonaban junto a mis pesados pasos en los pasillos, inhabitados a simple vista. Yo sabía a dónde me estaba dirigiendo, pero claro, no de manera consciente. Aún me esperaba una desgracia que no conocía y eso me provocó terror. Continué mi huída hacia pisos cada vez más deshechos e intimidantes. Yo sentía los ojos de mis adversarios invisibles, ocultos y silenciosos, clavados en mi nuca, erizándome la piel y helandome la esperanza. A pesar de todo, seguí corriendo hasta llegar. La imagen del alguien que me esperaba cada vez se tornaba más clara, como anunciándome que pronto, todo terminaría. Ahora podía ver a esa imagen como a un ser humano, reconocía sus facciones y su porte. El alma me pedía a gritos no detenerme, pero mis piernas respondían con la mayor torpeza. Tomé una curva, en el último corredor oscuro, esperando el fin de mi amargura. Logré ver el camisón holgado que ese alguien vestía e incluso, noté la esperanza que brilló en sus ojos, tan angustiados como los míos, al verme llegar. El alguien lanzó un grito ahogado que se perdió en la inmensidad que nos rodeaba. A unos pocos pasos de llegar finalmente, la desesperación me desmoronó. Sentí infinidades de brazos y manos que tomaban los míos con decisión. Sentí ganas de llorar, al ser consciente de que lograban reducirme, arrancándome gritos de ira y frustración. El alguien, desde donde estaba parado observando, me miraba adolorido por mi fracaso. Volví los ojos hacia mis captores y descubrí sus resplandecientes uniformes blancos: eran enfermeras. Quizás eran diez, o quince, o cincuenta, o tan sólo dos, pero todos sus rostros estaban dirigidos hacia mí, provocándome sentimientos de desdicha y soledad. Me miraban con lástima, pero con cierta determinación que anhelé. Las lágrimas finalmente brotaron de mis ojos y yo pensé en mi debilidad frente a la amenaza. Abrí los párpados al sentir un duro y estridente pinchazo que hizo temblar mi antebrazo izquierdo. Quise buscar la jeringa responsable del dolor y el frío que ahora sentía correr por mi sangre, pero no logré visualizarla entre el tumulto de rostros. Cerré los ojos con fuerza, intentando y deseando hacer desaparecer todo aquello que me embargaba el cuerpo. Poco a poco, mi cuello, mis brazos, mi piernas y hasta mi mente, se rindieron bajo el efecto del líquido helado inyectado en mi brazo. Sentí a las lágrimas surcando mi rostro hasta desaparecer en mi boca, dejándome un sabor entre salado y amargo. Mi respiración fue alcanzando su ritmo normal, o por lo menos el ritmo que me permiten unos pulmones fumadores y veteranos, hasta tornarse casi imperceptible. Mis latidos y mis ideas disminuyeron al compás.
Abrí los ojos de repente, mirando fijamente el lugar donde me encontraba para reconocerlo. Al pasarme una mano empapada por mi frente en idénticas condiciones, reconocí el sabor de las lágrimas en la comisura de los labios. Quise estirar la mano hasta el vaso de agua que reposaba en mi mesa de luz, pero el persistente entumecimiento de la pesadilla no me permitió lograrlo. Frustrada, dejé que las lágrimas volvieran a caer. Tras una inspiración profunda que casi logró reconfortarme, apoyé mi cabeza lentamente en la almohada. No quise pensar en las imágenes de aquel tormento, que sin pausas pero sin prisas, se desvanecían de mi memoria. Tampoco quise pensar en el "alguien" que me esperaba en el último piso de aquel hospital; sabía que lo había decepcionado y eso hacía opacar mi juicio aún más. Acomodé las sábanas que me apresaban y , tras un momento, cerré nuevamente los ojos tratando de conciliar el sueño.
La primera vez que lo lei me falto la ultima parte, ahora que lo volvi a leer entero debo decir "qué trágico meli!!" jaja... PONELE NOMBRE A ESE "ALGUIEN"! Si bien es trágico y un tanto desesperante el relato, me pareció atrapante desde un principio con esa cuota de suspenso que me encanta, me dan ganas de seguir leyendo historias!...
ResponderEliminarMe hace pensar con qué facilidad desarrollas siempre la parte trágica siguiendo con coherencia el relato entero, y después llega el final que cierra exactamente todo! Ami me encanta lo trágico, y me encanta que puedas manejarlo y que sea la base de muchos de otros relatos tuyos que he leído ! Este en particular, creo que lo haces sentir a cada lector, haces que se instale en el lugar y momento. Y eso es lo principal, que interese.
ResponderEliminarDICEN QUE DE CRÍTICOS HAY QUE TENER A LOS GRANDES AMIGOS ... QUIÉN MEJOR QUE VOS, QUE HAS REPASADO UNA Y OTRA VEZ CUANTAS HOJAS TE PONGO AL FRENTE, Y QUE ME DAS UNA MANO TODOS LOS DÍAS PARA QUE SIGA HACIENDO LO QUE ME GUSTA ... GRACIAS AMIGA ! Sos un motor muy importante.
ResponderEliminarAjaa ! Gracias bella.
ResponderEliminarMe siento orgullosa que tus talentos los compartas conmigo y me los dejes conocer.
Seguí así que vas por el camino correcto :)
Haciendo lo que te gusta y que te hace feliz !